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Lo que no se dijo

El pasado miércoles, varias decenas de miles de personas se congregaron en la plancha del Zócalo capitalino para una celebración onomástica con tintes de informe de gobierno, sin embargo, a pesar de que por primera vez en muchos meses, el presidente López Obrador pudo lograr repetir una convocatoria pública, dicho evento no fue muy distinto a lo que hemos visto una y otra vez durante su gobierno.



Más que informar, es claro para el ojo crítico que este llamado es una medición de la legitimidad de la popularidad presidencial que las encuestas reflejan y que a pesar de los pobres resultados en materia de seguridad, salud pública, economía y otros escalones del entramado institucional de gobierno, mantienen a López Obrador por encima del 50% de aprobación, por lo menos a nivel personal.


La gente prefiere al Andrés Manuel como persona que al López Obrador como cabeza del Ejecutivo. Cuando se evalúa el desempeño del país y de la estructura de gobierno como garante del bienestar, la paz y la seguridad, la calificación no es tan favorable, sin embargo el presidente ha sabido ser popular y mantener al grueso de la opinión pública más enfocado en los dichos que en los datos, y de ahí la superflua lectura, sobre la cual también ha reposado el discurso acerca de un presidente que es "aprobado" a pesar de sus pobres resultados.


Y no pretendo abundar en los argumentos lanzados al aire en el discurso de López Obrador, a nuestro parecer gastados y sobreutilizados; hablar del huachicol, de las remesas, de las obras emblemáticas y demás temas de agenda de la administración obradorista, además de ser tema de cada discurso, realmente no representan un logro ejecutivo sino de argumentos utilizados con insistencia para tratar de vender a un México que está "mejor que nunca", pero que en realidad nunca había estado tan partido, tan escaso, tan lento y tan alejado de la visión progresista global, sino entregado a una mirada que se considera a sí misma como "progre" pero que ha sido más conservadora que cualquiera de las demás que han integrado la aún joven era democrática del país.


Lo que debe llamar la atención del discurso de López Obrador del pasado miércoles es lo que no se dijo: que por casi tres años los pacientes del Sector Público de Salud han carecido mayoritariamente de medicamentos que en otras eras se consideraba básico, que el plumazo de cancelar provedurías sin tener sustitutos ha costado vidas; que la inversión privada, y aún más los capitales extranjeros decaen a medida que la administración cambia el enfoque constitucional del rumbo del país y hechos tan sencillos como que el rebote de la economía será rebasado por la inflación acumulada en el año, lo cual pone a la luz el errático manejo macroeconómico cuando otras economías similares realmente verán recuperado en 2021 parte del terreno perdido en la pandemia y que por lo menos en nuestro caso, no será así.


En materia ecológica y de energías renovables, México no ha caminado en la misma dirección de sus principales socios comerciales, ni los países punta de lanza en la materia, retornando a arcaicos modelos de políticas basadas en la generación de energía a través de fuentes que hoy son consideradas sucias, obsoletas e incluso son mal vistas por quienes están haciendo un esfuerzo por disminuir su huella en emisiones de carbono, situación que tiene muy despreocupada a la 4T.


Este país está desinsertado del entorno internacional, salvo honrosas y muy contadas excepciones. A la mitad del camino, vale la pena comenzar a analizar a México y su gobierno no por lo que se grita en los discursos, entre cuestionables loas y aplausos, sino meditar y reflexionar en lo que no se dijo.


Orson Ge

Twitter: @Orsonjpg 

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