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Del detente y demás remedios ineficaces

El presidente tiene covid (otra vez...), sabemos que no es noticia, ya que la pólvora se riega rápido y desde que el lunes el presidente llegó a su "mañanera" ronco, y conectando con la fatídica partida de rosca de reyes, lo demás era la crónica de un positivo anunciado.




Sin embargo, hay mucho más ahí que aún no se ha dicho.


Resulta que el segundo contagio del mandatario mexicano (del cual esperemos salga avante con plena salud) es una excelsa metáfora de la errática, improvisada e ineficaz manera con la que el gobierno de López Obrador ha tratado de conducir al país, pero que en realidad, simplemente lo ha sacado del camino.


Los “remedios” antiguos de López Obrador y su autonombrada 4T a las problemáticas actuales no han servido, así como sus amuletos no le valieron para salvarse de un contagio más. Una administración fuera de tiempo, desenfocada, y obcecada en su propia visión de las problemáticas, lejos de cumplir lo que pensaban prometer, han metido al país en más líos de los que de por sí ya tenía. 


Para muestra está un cajón lleno de botones: la economía no anda bien, y nada apunta a que durante 2022 vaya a ir mejor. La salida de capitales extranjeros fue reportada esta semana por segundo año consecutivo en máximo histórico, incluso por encima del 10 por ciento con respecto al año inmediato anterior, el año de la pandemia; mientras que las expectativas de crecimiento de la economía para el presente ciclo fueron recortadas de un raquítico 3.2% a alrededor de un 2.5%, precisamente esos porcentajes que AMLO criticaba cuando sus antecesores los presentaban como una constante anual, pero que él sigue entregando en números negativos.


La lucha a la corrupción tampoco ha llegado a ningún lado; especialmente cuando se trata del círculo cercano a la figura presidencial. Enriquecimientos inexplicables, operaciones bancarias dudosas, multiplicación de bienes inmuebles, más lo que se sume a la lista le ponen delante gigantes signos de interrogación a una supuesta transformación que no ha podido cumplir su principal promesa de campaña. No se necesita mayor argumento, las evidencias tienen rato al alcance de cualquiera.


Por si esto fuera poco, el combate a la pobreza va en franca reversa; según cifras oficiales, más de 10 millones de personas entraron durante los últimos dos años al decil más bajo, por debajo de la línea mínima para la supervivencia. Los programas sociales no sólo no han sido efectivos para combatir uno de los flagelos más antiguos de una de las principales 20 economías del mundo donde el problema nunca ha sido la existencia de recursos, sino su distribución. López Obrador pensó que redireccionando la entrega de dinero en efectivo se saldría fácil y rápidamente de un problema que radica en la estructura, en el punto fino, y sobre todo en la visión de futuro: en la planeación estratégica, sin embargo, este tampoco ha sido su fuerte y ahí están los resultados.


De la seguridad, ni hablar, este país es un desastre en todos los fueros.


Los remedios fáciles y rápidos, simples pues, rara vez resultan efectivos. Los "parchecitos" y las estampitas pueden ser remedios inmediatos o proclives a la buena suerte y a la fe de quienes los portan, pero gobernar sí tiene ciencia, y los resultados de esta administración lo ponen en evidencia.


El electorado debe tomar lectura de este sexenio perdido -porque hay muy pocas probabilidades de rescatarlo- como una lección en su aún adolescente caminar democrático: los políticos a la grilla y ya, los técnicos a cargo de la toma de decisiones, y finalmente los "magos", pues a las fiestas de fin de semana.

Orson Ge

Twitter: @orsonjpg


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