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¿Quién gobierna México?

Durante su carrera política, y especialmente al frente del ejecutivo, Andrés Manuel López Obrador ha gozado de abrir frentes de guerra a mansalva con un propósito muy específico: incrementar la polarización entre su base fiel, y aquellos que obstaculicen su frenética carrera por la centralización del poder en México. 



En las últimas semanas, el presidente ha abierto más y más uno de sus frentes más utilizados: los periodistas. La revelación de la verdad sin connotaciones es uno de los obstáculos más grandes para el tabasqueño en el establecimiento de su errática pero implacable estrategia de acumulación de poder, ya que desnuda los desatinos, las incongruencias y hasta las injusticias en las que ha caído el sistema de canonjías, amiguismos y desgobierno autoproclamado como "transformación".


Sin embargo, hasta hoy no ha podido desmentir absolutamente ninguna de las acusaciones que reposan en torno a un círculo tan cercano que llegó a su familia directa: primero su prima, después sus hermanos y ahora su hijo mayor. 


Aún así, las baterías del presidente han estado completamente enfocadas en golpear a quienes han puesto en evidencia los excesos, las paradojas y los sinsentidos del movimiento obradorista y sus abanderados más recalcitrantes, de los cuales, muchos se han quedado ya en el camino, relegados por el desgaste que el mismo movimiento trajo a su imagen pública y tal como un pañuelo desechable, terminaron en el cesto de los desperdicios políticos, tales como la ex secretaria de la Función Pública, o el ex secretario de Hacienda.


En el otro frente se encuentran sus más fieles sargentos: un ejercicio de revocación de mandato que a fuerza de propaganda se quiere empaquetar como ratificación. El juego de palabras es tan importante como fundamental; porque el planteamiento de permanencia que pretende incrustar el pelotón morenista en el colectivo, envasado en la frase "que siga AMLO", podría poner en riesgo el juego democrático de 2024, en el escenario político de un INE que han golpeado, injuriado y debilitado presupuestalmente, aderezado con una oposición que no termina de aparecer.


Si bien el presidente no puede abarcar este frente de manera abierta, por lo menos al brillo del reflector, ha dejado bien encargado al batallón. Pero esto no significa que López Obrador esté ausente en tiempos de batalla, por el contrario es una prioridad, ya que no sólo podría tratarse de su último proceso electoral de gran calado, a pesar de que se espera una participación muy baja, sino que el resultado del capricho democrático más caro de la historia de México resulta la piedra angular del discurso de la etapa de salida del período legal correspondiente a su mandato, independientemente de lo que intenten hacer, proponer o imponer de cara al siguiente mandato.


Dos frentes fundamentales en la guerra que vive hoy el presidente contra sus adversarios, contra la clase media, contra España, contra los empresarios, contra los adinerados -aunque sean algunos-, contra los médicos, contra la división de su partido, contra quienes eran sus aliados, contra quienes considera que lo han traicionado y contra quien asome un dejo de ponerle una piedrita, por mínima que sea, en su camino a la perpetuidad.


Mientras todo esto sucede, ¿Quién gobierna al país?


Orson Ge

Twitter: @orsonjpg

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